Centro educativo con espacios de uso diario que necesitaban bajar el ruido acumulado.
Comedores donde se dejaba de hablar, salas que obligaban a subir la voz y oficinas con ruido de fondo. Estos son espacios reales en los que ACUSTICE intervino para que estar dentro fuera más cómodo.

Un comedor con muchas voces a la vez. La solución se pensó para que alumnos y equipo pudieran convivir con menos ruido acumulado.

Un centro educativo donde el momento de comedor necesitaba bajar intensidad: menos eco, menos cansancio y un ambiente más llevadero.

Una sala de restaurante donde la conversación también forma parte de la experiencia. El objetivo: comer sin competir con el ruido de la mesa de al lado.

Un local con carácter propio donde la acústica tenía que mejorar la estancia sin parecer un añadido extraño.

Una horchatería que descubrió el “antes” al notar el “después”: menos reverberación y una sala más amable para clientes y equipo.

Oficinas donde las llamadas y conversaciones se mezclaban. La intervención buscó más concentración sin cambiar la dinámica del equipo.
La acústica no va solo de colegios o restaurantes. También aparece en centros infantiles, ocio, industria y oficinas donde el ruido afecta al uso diario.
Centro educativo con espacios de uso diario que necesitaban bajar el ruido acumulado.
Intervención en un entorno educativo donde escuchar mejor cambia la convivencia.
Espacio profesional tratado para reducir fatiga sonora y mejorar el uso del día a día.
Sala de restauración donde el confort acústico acompaña a la experiencia gastronómica.
Ruido de trabajo tratado desde el propio espacio para hacerlo más llevadero.